domingo, 5 de mayo de 2013

Virtuosismo y/o Belleza

¿Qué quiero decir con el título de esta entrada? ¿Acaso no es un virtuoso quien desarrolla al máximo un arte? Negativo y no.

Voy a considerar un virtuoso como aquella persona que ha adquirido tras muchos años una gran capacidad técnica para desarrollar un arte. Técnica, no creativa. O sea, hablamos de memoria muscular, y estudio técnico de un determinado ámbito (y mucho estudio y muy bueno además, en ningún momento intentaré desprestigiar a nadie).

Pero, ¿dónde está el problema? El problema es que hablamos de arte, de creatividad, de sentimientos.

Tomemos como ejemplo la Música:

Demostrar cuán rápido mueves los dedos en tu instrumento, sin aplicar ningún matiz, de forma totalmente plana, sin transmitir nada al oyente excepto la incómoda envidia por tener tus manos (que es lo que buscas conseguir), no te separa mucho de un experto en mecanografía, por ejemplo.



Cierto es que la técnica es la base para desarrollar un arte, pero los cimientos, los ladrillos y las herramientas por sí mismas no logran ser una casa, se necesita algo más. Estás en un escenario, tienes almas enfrente, no queremos que reproduzcas escalas y demás ejercicios técnicos que has aprendido y que tocas uno tras otro y a la máxima velocidad posible.

Queremos que tú tengas alma, y oír lo que estás creando, que tenga una densidad que nos permita recibirlo, apreciarlo. Así nos dejaremos hacer. Ahí estará la Belleza.


Observando lo que nos rodea


La sociedad en la que vivimos se vuelve cada día más gris. Vivimos jugando en contra del tiempo, si ponemos las noticias nos encontramos con atentados, con guerras, corrupción e injusticias, con reformas que nos ahogan poco a poco. El índice de suicidios aumenta peligrosamente, el pesimismo forma parte de nuestro día a día y los estudiantes apenas tienen esperanzas de encontrar un trabajo con el que mantenerse cuando terminen sus estudios.

Todo ello hace que el día a día se nos haga, a veces, cuesta arriba y veamos todo lo que nos rodea monótono y aburrido. Un día un amigo me contó una forma de ver que, aún en estos tiempos que corren, hay cosas a nuestro alrededor que pasan desapercibidas para nosotros pero que son de gran belleza. Me explicó que en un curso de interpretación que hizo le mandaban como deberes todos los días buscar tres cosas: algo bello, algo inspirador y algo sorprendente.

Este ejercicio me hizo mucha gracia, por lo que decidí probar a buscar esas tres cosas. Me di cuenta de que lo único que se necesita para ello es darse tiempo, parar ese juego contra el tiempo y simplemente observar lo que nos rodea. Encontré belleza en un precioso atardecer cuando cruzaba un puente en autobús para volver a casa después de un ensayo, encontré belleza en los pájaros que correteaban por el césped del parque que estaba cruzando por la mañana para ir a clase, encontré belleza en pequeñas cosas que pasan totalmente desapercibidas y que están allí, a nuestro alrededor. Así que os sugiero que dediquéis unos minutos al día a observar vuestro alrededor para que veáis que aún hoy en día y en esta sociedad podemos encontrar cosas que nos hacen sonreír y que la belleza no se encuentra solo en el arte o en la música, sino que también está en las pequeñas cosas que nos rodean en todo momento.

Para finalizar, me gustaría mostraros algunas fotografías en las que encontré esta belleza de la que os he hablado. Espero que las disfrutéis tanto como yo.

 
Una noche de febrero en Cambrils
 
Nubes desde el avión
 
La familia que me encontré cruzando un parque
 
Flores en Praga
 



El anochecer desde mi terraza

Pillada al perro "comiéndose" mi zapatilla

El familiar oculto: lo siniestro


La cuestión de lo siniestro es una de las grandes cuentas pendientes de la filosofía.
Si consultamos en la R.A.E nos encontramos con varios significados poco profundos y algo desafortunados para Siniestro . Como adjetivo nos lo define de esta manera "Avieso y malintencionado" o "Infeliz, funesto o aciago". Como nombre masculino no corre mejor suerte y se nos presenta como la "propensión o inclinación a lo malo; resabio, vicio o dañada costumbre que tiene el hombre o la bestia"

Schelling intentó enfrentar el problema desde una aclaración estrictamente filosófica del concepto. Según Schelling: "Lo siniestro (das Unheimliche) nombra todo aquello que debió haber permanecido en secreto, escondido, y sin embargo ha salido a la luz". En 1906, Ernst Jentsch escribió un ensayo sobre la psicología de lo siniestro que sirvió de inspiración a Freud para producir, en 1919, su famoso "Das Unheimliche". Freud comienza el ensayo aclarando que no es común que la psicología se ocupe de cuestiones de estética. Para Freud, el problema de lo siniestro debe ser abordado desde la estética. Quizás, investigar qué es lo siniestro puede resultar un viaje demasiado espantoso, un auténtico descenso a los infiernos como el que proponía Plotino para poder conocer la verdadera naturaleza de la materia, el Primer Mal.
De alguna manera lo siniestro ya acechaba en la región de lo sublime explorada por Burke y por Kant, en la experiencia inquietante y abrumadora de lo desproporcionado, de lo informe, de lo oscuro, del mar embravecido y de los acantilados rocosos. Los griegos lo experimentaban en las epifanías terroríficas de sus dioses, los judíos en la prohibición de nombrar a Dios, los cristianos en la provincia de los demonios.

Gracias a un análisis filológico exhaustivo, Freud descubre la clave para comprender lo siniestro. En alemán, unheimlich (literalmente, "inhóspito") quiere decir muchas cosas, tan rica es la semántica de este término que en su definición incluye también a su antónimo: heimlich. Heimlich puede referirse a algo que nos resulta familiar, agradable, pero también a algo que está oculto, a algo unheimlich. Un miedo de la infancia que hemos olvidado y que vuelve a asolarnos con su terrible rostro familiar, el cadáver de un ser amado, que a un tiempo es y no es la persona que quisimos. Se entiende entonces que lo siniestro genere atracción y repulsión a la vez, miedo y familiaridad, comodidad e incomodidad.
Giotto de los Scrovegni "Desesperación" 1306




Goya "Saturno devorando a sus hijos" 1819


Alfred Kubin "The Pond"






Roland Topor 1960






Roland Topor 1974





Joel Peter Wiltkins 1974

sábado, 4 de mayo de 2013

Belleza y divina proporción

Hablando del concepto de belleza, no podemos dejar de lado uno de los misterios más intrigantes relacionados con la belleza ideal y perfecta para muchos, intrínseco en la naturaleza y en los lugares menos esperados: el número áureo o la divina proporción 
 
El número áureo es un número irracional que se representa con la letra griega phi y que fue hallado por los griegos de la época clásica, destacando el matemático Euclides (450-380 a.C), pues es el primer individuo del que conservamos referencias y escritos sobre el mismo. Desde entonces han sido múltiples las interpretaciones que se le han dado por muchos teóricos, humanistas, matemáticos, filósofos, pintores…

Lo enigmático de todo este asunto es la aparición y las coincidencias que existen tanto en la naturaleza como en el arte en relación con esta proporción. Podemos encontrarla en el Partenón de Atenas, pasando por las pinturas de Leonardo da Vinci, la música de Debussy y las conchas, girasoles o en la forma y estructura de las galaxias, entre otros.
 

Partenón de Atenas (s. V a.C) con rectángulos áureos
La Gioconda (1503-1519), Leonardo da Vinci


La última cena (1495-1497), Leonardo da Vinci 
Las meninas (1656), Diego Velázquez





Composición en rojo, amarillo, azul y negro (1921), Piet Mondrian

 
    
     Galaxias y la sección áurea




Debussy conoció la proporción áurea al acercarse a determinados pintores interesados en ella. Desde entonces, buscó en algunas de sus obras plasmar dicha proporción. De hecho, en una de sus cartas le comentó a su editor lo siguiente:

"...en la obra que te he mandado falta un compás, y es muy importante para el número de oro..."                             


Pero aquí no acaba la cosa, pues otros compositores como Béla Bartók también realizaron algunos guiños al número áureo, y es que en algunas de sus obras, el número total de compases desde el inicio de la pieza o desde un momento de cambio hasta el final coinciden con números relacionados con la sección áurea.

                                La mer de Debussy, donde utiliza la proporción áurea:


Incluso ahora, en la época actual, son muchos los que se interesan por esta curiosa proporción y deciden inspirarse en ella para realizar sus obras, como ocurrió con las escuelas Heinz-Galinsky, del arquitecto Zvi Hecker. Pero, ¿Por qué esta proporción y no otra? ¿Por qué se dan estas coincidencias entre elementos aparentemente poco relacionados?  La verdad aún está por descubrir.

Escuelas Heinz-Galinsky (1990-1995), Zvi Hecker

 
Una breve explicación sobre la proporción áurea: http://www.youtube.com/watch?v=svwYX43rvT4
Y si te interesa conocer más: http://www.youtube.com/watch?v=2RQ0YtEijOo (Importante a partir del minuto 28:50 si te interesa la música)

Cuando las voces están hechas de agua




Sin duda alguna la música es una de las manifestaciones humanas con mayor capacidad para transmitir emociones y evidenciar la fuerza con que la Belleza lo hace sobre el hombre.

Disfrutemos de un agradable paseo por la Roma barroca del siglo XVII, para ponernos en situación. Imaginemos que nos encontramos alrededor de 1623, recién coronado el papa Urbano VIII. Este hombre, perteneciente a la influyente familia Barberini, ostenta el poder no sólo en los Estados Pontificios, sino en todo el orbe católico, en fiera lucha contra un protestantismo ya afianzado. ¿Qué mejor forma de reafirmar la autoridad papal que mediante la ostentación y la monumentalidad? La remodelación de la Basílica de San Pedro, encargada por este papa, es debida a Bernini, al igual que el fastuoso baldaquino que se sitúa sobre el nuevo altar mayor o la fuente de Plaza Navona. O, por ejemplo, el impresionante Palazzo Barberini que da comienzo en 1630 será proyectado por dos genios, Barberini y Borromini, que muy pronto dejarán patente su rivalidad.

En este contexto, el compositor Gregorio Allegri compone hacia 1638 este maravilloso Miserere Mei, Deus para las celebraciones que tienen lugar en la Capilla Sixtina durante la Semana Santa y cuya vigencia se mantiene a pesar de haber pasado casi cuatrocientos años. Esta pieza está compuesta para dos coros y emula el más puro contrapunto renacentista, cuyo mayor exponente fue Palestrina. Las nueve voces que la componen, como sendas portadoras de paz, se entrelazan a lo largo de la pieza formando una bellísima e íntima red que no puede dejar de conmover a quien la escucha. Tan especial es esta pieza que durante siglos se prohibió la copia del manuscrito de Allegri, circunscribiendo su uso únicamente a la capilla papal durante las fechas pascuales bajo pena de excomunión. Cuando el joven Mozart la escuchó por primera vez en 1770 no pudo evitar la provocación, fiel a su personalidad irreverente, y trascribió la pieza entera de memoria y la hizo pública. Este hecho, en contra de lo esperado, le valió la distinción papal de la Orden de la Espuela de Oro en reconocimiento a su genio musical.

Al margen de estas curiosidades la pieza, cristalina en su composición y profunda en su alcance, supone unos minutos de delicioso placer. Bon appetit!

...a modo de bienvenida...



Uno de los aspectos en que el hombre del siglo XXI tiene mucho que envidiar a sus antepasados es el de la concepción estética del arte. El Postmodernismo hizo mella rompiendo los moldes -lo bueno y lo malo, lo hermoso y lo feo, lo correcto y lo corrupto- y sumiendo a la sociedad en un relativismo poco y mal entendido y, en consecuencia, dejando a la deriva la sensibilidad estética. Las diferentes anclas a las que el hombre decidió aferrarse en el pasado fueron levadas, pero no fundidas. Aunque no se mantengan vigentes, aquellas teorías que han sido manifestadas a lo largo de siglos de pensamiento filosófico no han caído en saco roto, sino que sirven de zancos para la conformación de las corrientes de vanguardia actuales.
La Belleza adquiere una importancia capital para Platón al considerarla perteneciente al mundo de las Ideas, más allá de cualquier manifestación visible por el hombre. Es entonces cuando surge el concepto que inspira este blog: Kalokagathia. Este palabro -que parece salido de la guía Cómo ser un Gafapasta- encierra en su interior la inevitable consecuencia de que kalós, lo bello, y agathós, lo bueno, se encuentran en un estado de firme identidad.
Algunas de las formas de lo Bello se han perdido en el caminar de los siglos. No es este el sitio donde se busca su recuperación. Este blog, querido lector, está consagrado a la belleza aún vigente, a aquélla capaz de cautivar las emociones de cualquiera que desee ser emocionado. Simplemente siéntelo.