Uno de los aspectos en que el hombre del siglo XXI tiene mucho que envidiar a sus antepasados es el de la concepción estética del arte. El Postmodernismo hizo mella rompiendo los moldes -lo bueno y lo malo, lo hermoso y lo feo, lo correcto y lo corrupto- y sumiendo a la sociedad en un relativismo poco y mal entendido y, en consecuencia, dejando a la deriva la sensibilidad estética. Las diferentes anclas a las que el hombre decidió aferrarse en el pasado fueron levadas, pero no fundidas. Aunque no se mantengan vigentes, aquellas teorías que han sido manifestadas a lo largo de siglos de pensamiento filosófico no han caído en saco roto, sino que sirven de zancos para la conformación de las corrientes de vanguardia actuales.
La Belleza adquiere una importancia capital para Platón al considerarla perteneciente al mundo de las Ideas, más allá de cualquier manifestación visible por el hombre. Es entonces cuando surge el concepto que inspira este blog: Kalokagathia. Este palabro -que parece salido de la guía Cómo ser un Gafapasta- encierra en su interior la inevitable consecuencia de que kalós, lo bello, y agathós, lo bueno, se encuentran en un estado de firme identidad.
Algunas de las formas de lo Bello se han perdido en el caminar de los siglos. No es este el sitio donde se busca su recuperación. Este blog, querido lector, está consagrado a la belleza aún vigente, a aquélla capaz de cautivar las emociones de cualquiera que desee ser emocionado. Simplemente siéntelo.

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